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Movilion

Balance 2011

¿Qué año no fue un gran año para las comunicaciones móviles? 2011 también, aunque si me dan tres palabras para definirlo, esas son smartphones, HTML5 y Android. Más que de aplicaciones, en América Latina habría que hablar de internet móvil.

Pero antes repasemos brevemente lo que hay atrás del teléfono y que muchas veces se olvida. Las redes. Cuando todavía no había un ganador se hablaba de los estándares, la línea europea GSM (UMTS) o la americana CDMA.

Hoy el dato relevante para analizar el estado de situación de un mercado móvil es la penetración de la familia de tecnologías 3G. Si en septiembre de 2010 en América Latina había 37 millones de conexiones UMTS-HSPA, al mismo mes de 2011 la cifra había crecido un 85%, hasta alcanzar los 64.2 millones de conexiones. Tanto Telefónica/Movistar como América Móvil declaran que un 25% de sus clientes tienen accesos 3G en la región.

El siguiente paso es LTE, pero ya sea por la poca disponibilidad de espectro como porque el calendario de los operadores suele ir atrás y no adelante de la demanda, su despliegue viene lento. Hacia el 3Q de 2011, la casi totalidad (87%) de las pocas conexiones globales a esta tecnología (3.8 millones) las concentraba Estados Unidos.

La consultora Carrier y Asociados estima que en la Argentina durante 2011 se vendieron poco más de 3.2 millones de smartphones y 4 millones de feature phones. Y que sumadas ambas categorías, los teléfonos con capacidad para conectarse a internet representan más del 50% de todos los ingresados a ese mercado a lo largo del año.

En buena parte de los mercados del globo Android tiende a copar el 50% del parque de smartphones. Pero el tema no es tanto Android sino el chasis donde Android va montado, quién tomó qué versión de ese sistema operativo para resolver el desafío de armar un dispositivo que funcione, con los suficientes recursos de hardware. Ya que el soft es casi gratis, lógicamente el costo final de un smartphone bajó, hasta alcanzar la línea de los 100 dólares.

Android trajo bajo el brazo dos problemas, uno conocido para el ecosistema móvil (la fragmentación) y otro no tanto (las pestes como virus, malware, etc.) Y atrás de Android está el populismo de Google y su modelo de negocios, orientado a ganar volumen de usuarios, ofreciéndoles servicios y contenido gratuito, a cambio de impacto publicitario.

Durante 2011 el éxito de Google inyectó en los móviles -¿se acuerdan de los walled gardens?- el aperturimo de internet, algo con lo que otros actores de este ecosistema (operadores, algunos fabricantes) no terminan de aprender a convivir. La expectativa del usuario de Android es el acceso irrestricto y gratuito, por eso el Android Market tiene una proporción de aplicaciones free mucho mayor que el App Store.

A lo largo del año, la insistencia de Android sobre la consigna “para el pueblo lo que es del pueblo” mostró hasta qué punto puede ser contradictoria: en su afán por darlo todo -aprobando aplicaciones sin mucha revisión-, una de las consecuencias es descuidar precisamente la experiencia del usuario.

La respuesta de los desarrolladores para mejorar sus ingresos en este escenario fue recostarse sobre al modelo freemium: la primera te la regalo, la segunda no. Otra respuesta fue el surgimiento de stores Android independientes, como la tienda de Amazon y en menor medida GetJar.

El terreno arenoso de Android, más el compromiso de Google hacia Motorola, hizo que los mismos fabricantes (Samsung, HTC, LG, etc.) que llevaron su plataforma al primer lugar, terminaran definiendo con mayor urgencia un plan B, que la entente Nokia-Microsoft (la otra pareja del año) recibió con beneplácito y una sonrisa socarrona.

Se acuerdan de Ovi… otra cosa que Nokia dejó atrás en 2011. Apple perdió Steve Jobs y la PlayBook más el resonado apagón de su red (octubre) hicieron tropezar feo a RIM.

En 2011 las tablets terminaron por delimitar un nuevo campo de batalla para la cadena de valor móvil. Se convirtieron en una opción para aumentar o mantener los niveles de ingreso por usuario. Cierto que algunos fabricantes de PCs incursionaron en los smartphones, pero ahí la competencia estaba más establecida. En cambio con las tablets podía pasar cualquier cosa.

¿Desarrollar un sistema operativo especial o adaptar uno que ya se usa para smartphones? Conocida la exitosa historia del iPad, Google fue por etapas. Primero adaptó la versión para smartphones de Android, poco después sacó Android Honeycomb, generado específicamente para tablets y por último, en octubre presentó la versión 4.0 (Ice Cream Sandwich) para unificar tablets y smartphones en un único SO.

Otro claro ganador de 2011 fue el estándar abierto HTML5. Y es uno de los acontecimientos con mayores consecuencias a futuro. El apoyo que recibió de Google era previsible, pero también lo tuvo de Apple. Para aquel el negocio de las aplicaciones es menos estratégico que para este, y sin dudas HTML5 tiende a darle a la web varias de las herramientas que de otra forma sólo serían accesibles desde aplicaciones nativas (todo lo web le permite a Google ofrecer más servicios en la nube).

Desde la perspectiva de Apple, cuyo negocio es fundamentalmente mantener a salvo de frustraciones la experiencia del usuario, el beneficio de apoyar HTML5 es aumentar la comunidad de desarrolladores en un lenguaje que, al fin y al cabo, forma parte del mix de tecnologías web que también se usan para hacer aplicaciones nativas.

La democratización horizontal promovida por Google le vino bárbaro a varios, entre ellos a ese difuso conjunto de actores impulsores del marketing móvil: las agencias, las redes de publicidad y las marcas. A lo largo del año fue evidente en qué medida el ecosistema tiende a alimentarse de un ingreso publicitario que agradece la generación de audiencia e inventario móvil, sin importar (sobre todo para agencias y redes) si la calidad de ese contenido es buena, tuerta o más bien ciega.

¿Estrenaron aplicaciones propias las marcas? Solo en casos puntuales en los que por alguna razón el móvil es clave para la estrategia de canales. De otra forma, un sitio adaptado fue suficiente. Desarrollar para una única plataforma no tiene sentido, hacerlo para todas es caro y lento, y como canal de distribución los stores resultaron poco eficientes. Llegado el caso, siempre se puede comprar pauta en una red de publicidad ya “enchufada” a aplicaciones de terceros.

Por último, el gran tema: no ya el mobile banking, que tiende a convertirse en un commodity, sino los pagos móviles, el anhelo de trocar el celular en billetera. Y en este punto 2011 no parece habernos legado gran cosa.

En muchos casos la discusión siguió centrada en una mera tecnología (NFC) y como guiño particular, las tarjetas de crédito, que parecen haber despertado de su sopor, mostraron cierta intención de entrar al negocio (¿demasiado tarde, como las discográficas?)

Sin muchas dudas sobre por qué las empresas quieren entrar al mayor negocio de todos, pocas miraron hacia donde primero hay que mirar: el usuario y sus necesidades. Ahora ¿por qué la gente pagaría con el celular? De las muchas respuestas, una parece ineludible: siempre que sea más fácil, más barato y en definitiva más ventajoso que hacerlo con ese medio de pago líquidomilenario y tan servicial que son los billetes constantes y sonantes.